El Mercado Digital Europeo
Expansión
2010-11-23
El objetivo de este artículo es repasar el estado del mercado único digital, es decir aquella parte del mercado que funciona utilizando las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) en el espacio de Internet. Un espacio que bien se podría definir como “el nuevo mundo” contemporáneo. Pero no debemos olvidar que ese “nuevo mundo” de Internet es tan potente como frágil y que todos tenemos la responsabilidad de que crezca y se fortalezca de acuerdo con los valores de la libertad, de la eficiencia, sin discriminación, en beneficio de todos, con unas reglas básicas de juego y con un sistema de garantías jurídicas. Es decir los principios de valores “en línea” y “fuera de la línea”, online y offline, deben ser los mismos, esto es, los principios y valores de las sociedades liberales y democráticas.
El espectacular avance de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación, y la puesta en marcha de Internet, su producto estrella, han permitido en esta última década un desarrollo de las transacciones comerciales en el espacio digital cada vez más extenso y pujante. Se puede afirmar que el mercado digital está destinado a convertirse en el corazón del mercado y, por tanto, en el motor del mercado interior europeo. Tan elevado es su potencial que un estudio reciente de marzo de 2010 calculaba que la Unión Europea podría aumentar en un 4% su PIB estimulando un rápido desarrollo del mercado digital de aquí al 2020 lo que vendría a suponer una ganancia de 500,000 millones de euros durante dicho periodo.
Voy a continuación a referirme a los que considero seis pilares fundamentales del mercado digital europeo y a las carencias y obstáculos a los que tiene que hacer frente para su completo desarrollo.
1. Redes de Nueva Generación.
Una condición necesaria para avanzar en el mercado digital interior es que todos tengamos acceso a redes de alta velocidad, por lo que es imprescindible el despliegue de redes de nueva generación ya que constituyen las grandes autopistas de la economía digital.
Consciente de esa necesidad la Comisión Europea en su Estrategia 2020 se ha fijado los objetivos de lograr el acceso a redes con una velocidad de 30Mbits/segundo para el 100% de los europeos en el 2020 y de 100Mbits/segundo para el 50% de los hogares europeos para el año 20. Es verdad que para navegar por Internet bastan unos cuantos megas de velocidad y que ni siquiera usuarios muy intensivos en descargas necesitarían 100 megas. Ahora bien las conexiones monoaparato pronto serán historia. No sólo se trata de que los hogares tengan varios ordenadores y de que crezca el servicio de televisión por banda ancha con mayores contenidos de alta definición si no que cada vez existen más aparatos que también se conectan a Internet. Actualmente hay teléfonos inteligentes y dispositivos como los iPads, pero pronto serán los sistemas de iluminación de las casas y edificios, los electrodomésticos y un sinfín de aplicaciones más, es lo que se ha llamado el Internet de las Cosas (the Internet of Things) que aunque ahora pueda todavía parecer lejano está a la vuelta de la esquina.
En este contexto de redes de nueva generación se ha abierto un amplio debate, bajo el término paraguas de neutralidad en la red (”net neutrality”) existe un debate que esta siendo objeto de una gran atención tanto en Europa como en Estados Unidos, el debate va a durar todavía tiempo. En mi opinión, si queremos manter Internet viva, las redes deben ser abiertas y la libre competencia debe estar garantizada para cada agente en la cadena de valor. Cualquier práctica en la gestión del tráfico, aplicable a situaciones equiparables, que no este determinada por objetivos y criterios equilibrados tiene potencialmente un carácter discriminatorio que es necesario vigilar que no se produzca. Sin embargo, hay que acordar algún criterio general que, garantizando el carácter abierto y la competitividad, permita al mismo tiempo un estímulo para la inversión y un uso eficiente del tráfico por los operadores que gestionan las redes.
2. Eliminar la fragmentación del mercado digital
La fragmentacion del mercado digital es un gran problema. Europa sigue siendo un puzzle de mercados nacionales digitales. Como consecuencia de ello, las empresas se enfrentan a numerosos obstáculos, incertidumbres e inseguridad en la venta transfronteriza. Hay una enorme diversidad de reglamentaciones en ámbitos como la protección del consumidor, el IVA, el reciclado de los aparatos eléctricos y electrónicos, en un número muy elevado de productos de consumo masivo (como productos fitosanitarios, químicos, etc.) o en el sistema de pagos. En relación a esto último, a pesar de contar con una moneda común (en 16 países), el mercado digital la facturación y los pagos electrónicos siguen siendo nacionales, por esta razón la Comisión propondrá la creación de una Zona Única de Pagos en Euros.
Las cifras hablan por sí solas de estas dificultades: sólo el 12% de todas las transacciones hechas por los consumidores europeos a través de Internet son transfronterizas; y sólo el 12% (8% en España) de la facturación de las empresas está ligada al comercio electrónico. Conceptos que obviamente son distintos aunque coincida el porcentaje.
3. Libre circulación de contenidos y conocimiento
La libre circulación de contenidos y conocimientos se ha denominado la “Quinta Libertad” en el informe del Parlamento Europeo sobre la Agenda Digital.
En relación con la provisión de contenidos digitales, Europa está muy a la zaga de los Estados Unidos. Los consumidores europeos consideran, con razón, que deberían poder acceder a los contenidos “en línea” al menos con la misma eficacia que en el mundo “fuera de línea”. Pero Europa carece de mercado interior de contenidos digitales. Es necesario que los servicios y contenidos comerciales y culturales fluyan a través de las fronteras, Europa no puede pretender ser el principal mercado del mundo con 27 mercados distintos. Son necesarias unas soluciones más sencillas, armonizadas y neutras con respecto a la tecnología para la concesión de licencias transfronterizas y paneuropeas.
Nos encontramos además ante un tema que tiene una vertiente difícil pero también urgente de afrontar, es la que afecta a los derechos de autor sobre contenidos digitales. Es un debate que hay que acelerar para encontrar soluciones funcionales que permitan adaptar los derechos de autor a un contexto digital en toda la Unión Europea. Desde luego eso obliga también a generar modelos de negocio innovadores que se adapten a las características del entorno digital.
4. Confianza, privacidad y seguridad.
Según la encuesta de Eurostat de 2009 sobre el uso de las TIC las razones principales que aducen los entrevistados para no comprar por Internet son la preocupación sobre la seguridad del pago, sobre la privacidad de los datos y una falta de confianza en general.
Es necesario llevar a cabo una revisión de las directivas sobre comercio electrónico y protección de datos, pero también en relación a la confianza y privacidad, es importante que las personas desde muy jóvenes, diría yo que desde niños, estén informadas de los efectos que sus datos personales pueden tener en su vida privada. Todos debemos tener derecho a exigir la retirada de esos datos, aún en el caso en el que fueran inicialmente recopilados con nuestro consentimiento. Todos los usuarios deben tener el control de sus datos personales, lo que incluye lo que se ha llamado «derecho a ser olvidado».
5. Investigación e innovación
Es necesario, en ese sentido, aprovechar el talento de nuestros investigadores para construir un ecosistema de innovación en el que las empresas europeas, grandes o pequeñas, basadas en las TIC puedan desarrollar productos innovadores que generen demanda. Son necesarias estructuras mercantiles sencillas y flexibles para vehicular la creación y la innovación. Con demasiada frecuencia la actividad profesional de los innovadores, especialmente los jóvenes, se enfrenta a estructuras muy rígidas y costosas para desarrollar ideas y tecnología, por ejemplo en España esto se hace a través de las empresas (normalmente sociedad limitada o, rara vez, anónima) o de la figura del empresario autónomo. Ambas situaciones implican obligaciones fiscales y económicas, con exigencias que habitualmente exceden la capacidad de los jóvenes innovadores. El concepto del garage development (el que llevó al éxito a muchos, entre ellos a Bill Gates) es difícilmente viable con esas estructuras. Por otro lado no hay que olvidar que los procesos creativos son normalmente mecanismos de prueba y error, el éxito suele estar precedido por fracasos previos. Sólo se cuenta la parte amable de la historia, el resto se olvida o no interesa, pero si esos fracasos asfixian a los innovadores, debido a las obligaciones mencionadas, al final es mejor optar por buscar un trabajo seguro. Sería interesante, y aquí la idea, poner en marcha un CIF DEL EMPRENDEDOR.
6. Formación digital
El individuo es el epicentro de la revolución digital y la participación de todos es determinante para el futuro de la sociedad digital y por tanto de ese mercado.
Europa padece una creciente penuria de cualificación profesional en las TIC. Es necesario, por tanto, mejorar el atractivo profesional de las TIC y especialmente el orientado a la producción y diseño de tecnologías. Pero además las Tecnologías de la Información y de la Comunicación tienen una aplicación horizontal. Esto aconseja incentivar las iniciativas de las empresas destinadas a la formación de todos sus empleados. De igual manera es fundamental para la formación y reciclaje de las personas que han perdido el empleo.
Además de ello sería interesante que existiera un diploma en TIC como parte de la educación escolar ordinaria y un régimen de certificación europeo para las competencias digitales adquiridas al margen del sistema educativo oficial. Por su parte la Comisión ha anunciado que desarrollará, en relación con el Marco Europeo de Cualificaciones en los próximos dos años, herramientas que permitan identificar y reconocer las competencias de los profesionales y usuarios de las TIC para incrementar la movilidad dentro de la Unión Europea de tales profesionales.
En definitiva, el mercado digital proporciona oportunidades para las empresas, que aprovecharán los ingentes recursos como una gran oportunidad para contribuir al desarrollo de tecnología, aplicaciones, infraestructuras y servicios; para la Sociedad, cuyo desarrollo en todos los ámbitos se verá favorecido por estas nuevas tecnologías, aplicaciones, infraestructuras y servicios; y para los Gobiernos, que aplicarán este esfuerzo tecnológico para modernizar y desarrollar la administración digital.
Por lo que se refiere al Gobierno estos cambios implican un modelo diferente de Administración. Un modelo organizativo distinto, con competencias profesionales diferentes, y con procesos diferente. El impulso de la Agenda Digital en la Administración hay que complementarlo con planes para gestionar el cambio que ello implica. La gestión del cambio será tan importante como el esfuerzo tecnológico que se pretende desarrollar. Si el cambio se gestiona mal el impulso no será lo efectivo y no tendrá los beneficios que se esperan.
El desarrollo de la Agenda Digital requiere un esfuerzo colectivo de la sociedad, de la empresa y de la política. Sin esa convergencia no será posible. Tenemos en nuestra historia un ejemplo de referencia. En el año 1987 con la adopción de la directiva GSM, vimos el fruto de un esfuerzo colectivo que comenzó cinco años antes, donde participaron todos los actores políticos y empresariales, y permitió que la industria europea de telefonía móvil digital fuera líder mundial.
Hoy el esfuerzo conjunto debería ser aún mayor porque el tren hacia la sociedad digital es de alta velocidad y no tiene paradas. La Unión Europea tiene que estar en la locomotora, de lo contrario será definitivamente un actor secundario de esta sociedad global.




